UN POCO DE HISTORIA SOBRE TORREVELILLA

El origen del núcleo de Torrevelilla no está definido. La tradición oral cuenta que el primer asentamiento tiene lugar en torno a una torre agrícola y de vigilancia propiedad de la familia Velilla.

Alfonso I el Batallador conquista estas tierras a los musulmanes en 1134.
Ramón Berenguer IV se encarga de repoblar la zona con gentes de habla proto aragonesa y proto catalana, por esta razón algunas localidades tienen un habla local propia, producto de este fenómeno repoblador tan característico de la Reconquista.

Alfonso II el Trovador entrega a La Orden de Calatrava estas tierras en 1179. La aldea de Torrevelilla pertenecerá a la encomienda de la orden de los caballeros calatravos hasta 1835.
Se constituye como parroquia en 1611 con el nombre de Torre de Velilla.
Escudo de Piedra del Ayuntamiento de TorrevelillaEscudo Ayuntamiento En el siglo XVII Felipe III concede a Torrevelilla el privilegio para tener horno y molino independiente de Castelserás.

En 1750 Castelserás se segrega de Alcañiz, junto con esa población, Torrevelilla, que depende de Castelserás.

En 1770, recibe el título de “Villa Real” por parte de Carlos III, emancipándose de Castelserás y ostentando desde entonces en su escudo una Corona Real. Sin embargo, no es hasta 1812, cuando dispondrá de plena jurisdicción propia como municipio.

 

En esa fecha el concejo de Torrevelilla se incorpora al régimen general de la nación. En esos momentos tiene lugar un litigio con el vecino pueblo de La Codoñera por cuestiones de límites de los términos.
Durante el S.XIX una cruenta guerra civil entre carlistas e isabelinos azota a Torrevelilla, que sufre varios sitios y ocupaciones por parte de ambos bandos. Las epidemias de cólera que afectan a la región pasan de largo y no diezman la población de Torrevelilla.

Entre 1936 y 1938 la guerra vuelve con toda su crudeza a Torrevelilla, que es fuertemente hostigada y reprimida por ambos bandos. Como consecuencia de ello se pierden las edificaciones originales, quedando la localidad prácticamente arrasada, por ello tienen que ser reconstruidas por Regiones Devastadas.

En los años 40-50 de dura posguerra, muchas personas emigran a otros lugares como Barcelona o Zaragoza. En 1957 hubo una tremenda helada en el olivar, que acentuó los movimientos migratorios de la población, al igual que sucedió en gran parte del Bajo Aragón.

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